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Lost: Donde la Odisea devoró la fantasía

Manuel_Andrade
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Synopsis
Un joven soñador quería escribir novelas como sus autores favoritos... pero el destino lo escribió a él. Arthur, un estudiante de un país lejano, despierta en un mundo donde los sueños se vuelven carne y los monstruos tienen alma. Sin magia, sin habilidades y con nada más que su ingenio y voluntad, deberá sobrevivir a los horrores de Lost: un continente forjado por mazmorras, dioses caídos, dragones antiguos y pactos rotos. ¿Cómo se escribe una historia si tú eres parte de ella? Acompáñalo mientras convierte su miedo en espada, su duda en llama, y su vida… en una odisea de fantasía.
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Chapter 1 - Abrazado por el abismo

¿Qué haces cuando eres un joven de 15 años en un mundo desconocido,

uno que hace todo lo posible por destruirte?

Solo cuentas con tu voluntad…

ya veces, también flaquea.

Bienvenido a presenciar el vaivén de un alma que lucha por no romperse.

---

La habitación estaba en silencio.

Solo el zumbido constante del ventilador de la computadora rompía la quietud, acompañado por el leve clic del mouse deslizándose sin rumbo sobre la pantalla. Una luz azulada bañaba las paredes, cubiertas de pósters de novelas, mangas y juegos de fantasía. La ventana permanecía cerrada. El reloj digital marcaba las 2:47 a. m.

Sentado frente al monitor, un joven de cabello alborotado y profundas ojeras observaba con frustración las palabras que titilaban en la pantalla.

Odisea en un mundo de sueño y fantasía.

Ese era el título.

Lo único que había conseguido escribir en dos malditos meses.

—¿Cómo se supone que se cuenta una historia...? —murmuró Arthur, pasándose una mano por la frente.

Desde que leyó su primera novela ligera soñaba con escribir la suya. Crear héroes y villanos, monstruos, mazmorras olvidadas y artefactos legendarios. Pero cada vez que se sentaba frente al teclado, las ideas desaparecían.

—Tal vez... no tengo talento para esto.

Se dejó caer sobre el respaldo de la silla.

Lo intentó una vez más.

Los dedos se apoyaron sobre el teclado.

Nada.

El cursor seguía parpadeando.

Desafiante.

Vacío.

Al final se rindió y se dejó caer sobre la cama. Contempló las grietas del techo como si entre ellas pudiera esconderse alguna respuesta.

—Si las ideas no salen hoy... tal vez mañana.

Ya casi era un ritual repetirse esas palabras.

Se acomodó entre las sábanas arrugadas y cerró los ojos.

---

Un pasillo.

Largo.

Silencioso.

Una luz tenue se extendía hasta perderse en la distancia. Al fondo, apenas visible, una puerta permanecía entreabierta.

Arthur avanzó.

Cada paso hacía latir su corazón con más fuerza.

Cuando estuvo a pocos metros, un susurro atravesó el otro lado de la puerta.

—Arthur...

Se detuvo.

—¿Quién...?

El suelo desapareció bajo sus pies.

Una caída interminable.

Vacío.

Oscuridad.

---

Arthur abrió los ojos de golpe.

Pero ya no estaba en su habitación.

Ni en su cama.

Ni siquiera en su casa.

Árboles inmensos se alzaban a su alrededor. Hojas secas cubrían el suelo y una espesa niebla ocultaba el horizonte. El cielo era gris, y el aire olía a tierra húmeda.

Bajó la vista.

—No... no, no, no...

Llevaba una camiseta de tirantes.

Calzones de calaveritas.

Y nada más.

Se pellizcó el brazo.

Se dio una cachetada.

Se dejó caer de espaldas.

Las hojas raspaban su piel.

El frío era insoportable.

El dolor era real.

—Esto no puede ser...

A lo lejos resonó el canto de un ave desconocida.

Arthur se incorporó con dificultad.

—Ok... Arthur, cálmate. Seguro esto es un sueño. Un sueño muy estúpido... de esos lúcidos y raros.

Pero algo, muy dentro de él, le decía que no era un sueño.

Y así, en medio de aquel bosque desconocido, vestido como un idiota, comenzó la historia que Arthur nunca había conseguido escribir.

La historia que, sin saberlo, estaba a punto de vivir.

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Una odisea marcada por sangre, horror, traición y muerte.

Y, sin embargo...

Incluso donde reina el dolor, a veces florece el amor.

Fin del capítulo.

Nota del autor:

Gracias por tomarte el tiempo de leer este primer capítulo.

Espero que disfrutes esta odisea tanto como yo disfruto escribirla. Nos vemos en el siguiente capítulo.