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Chapter 11 - ¡Ataque al Clan Senju!

Al mirar a las figuras recién llegadas, los presentes no pudieron evitar tragar saliva.

Alrededor de Uchiha Ming se encontraban cinco lobos, cada uno de diferente tamaño.

De los sellos que antes se habían extendido, una espesa niebla se formó cuando varias bestias de color azul oscuro aparecieron. Había un león, una serpiente, un zorro y más lobos. En tan solo unas cuantas respiraciones, el número aumentó considerablemente, llegando a casi veinte, aunque aún eran pocos. Los presentes no pudieron evitar sudar frío mientras miraban de reojo hacia el lugar donde Senju Kaito había salido volando.

—¿Qué está pasando? ¿De dónde salieron tantos lobos?

—Oye, ¿no notas algo raro? ¿Por qué parecen tan inusuales?

—Qué importa. Son solo bestias. Mientras acabemos con ellas, finalmente podremos matar a Spectral Soul.

Entre los presentes, el hombre de cabello blanco, que fue el primero en insultar a Uchiha Ming al inicio de la pelea, no les dio importancia a los lobos que lo rodeaban y se lanzó al ataque. Detrás de él, varias personas que compartían el mismo pensamiento hicieron lo mismo.

—¡Espera!

—¡Hay una anomalía con estas bestias!

El miembro del clan Uzumaki, que observaba desde la parte de atrás, fue el primero en darse cuenta de que algo andaba mal. Al sentir la extraña energía que los rodeaba, descubrió que era muy similar a lo que había leído en aquel pergamino.

Tras observarlas durante unos segundos, de repente se dio cuenta de la verdad.

—¡Bestias del Alma...! —Las pupilas del miembro del clan Uzumaki se contrajeron al comprender lo que tenía delante—. ¡Todos, tengan cuidado! ¡Esas criaturas son Bestias del Alma!

Al escucharlo, Uchiha Ming se rió, pero un destello de sorpresa cruzó sus ojos.

—Así es. Estas son Bestias del Alma. Es la primera vez que las uso en combate, así que, ¿por qué no las pruebas por mí?

Diciendo esto, Uchiha Ming dio la orden para que las bestias cargaran hacia delante.

Y el primer desafortunado que sirvió como experimento fue el hombre de cabello blanco, quien había reaccionado demasiado tarde cuando su cuerpo fue partido por la mitad.

Pronto, la escena del campo de batalla se invirtió. Si antes era Uchiha Ming quien se defendía duramente, esta vez fueron los enemigos quienes lo hacían. A pesar de cortar y lanzar varios ataques, las Bestias del Alma ni siquiera se inmutaban, lanzándose hacia su muerte sin dudar. A menudo, se sacrificaban tres Bestias del Alma para matar a una sola persona.

Sin embargo, después de que las Bestias del Alma morían, sus cuerpos se deshacían en pequeñas briznas de energía que rápidamente se adherían a otras Bestias del Alma más débiles, fortaleciéndolas.

Por otro lado, cada vez que una persona moría, su alma era absorbida por la matriz de sellado que rodeaba el campo de batalla, transformándola en una nueva Bestia del Alma que pasaba a formar parte de las tropas de Uchiha Ming.

No importaba cuán fuertes fueran los enemigos; no podían luchar sin sufrir bajas.

Una vez que empezaron a perder personas, las Bestias del Alma obtuvieron la ventaja. Al ver cómo las almas de los caídos eran absorbidas por la matriz y convertidas en nuevas Bestias del Alma, los presentes no pudieron evitar sentir un escalofrío. El pánico comenzó a extenderse entre ellos y varios ya pensaban en retirarse.

¿Qué clase de método vil y perverso era este?

——

A medida que descendía la noche, la temperatura bajaba. El cielo nocturno estaba cubierto de nubes oscuras y el aire se sentía pesado. Soplaban fuertes vientos y una intensa lluvia caía acompañada de truenos y relámpagos.

Uchiha Ming llegó a una cueva y se sentó en el suelo. Su rostro estaba blanco como la tiza; se veía extremadamente pálido. Su cuerpo estaba gravemente herido. Algunas lesiones eran tan profundas que se podían ver sus huesos. Su carne y su sangre permanecían expuestas al aire.

El aura de Uchiha Ming era débil.

—Pensar que todavía sufrí semejante daño...

Hace unas horas, en el campo de batalla, cuando los enemigos vieron que no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir, hicieron todo lo posible tratando de arrastrarlo con ellos. Incluso los miembros del clan Senju y del clan Uzumaki se habían vuelto locos. Al final logró derrotarlos y matarlos a todos, pero sufrió un alto precio por ello.

—Después de esta batalla, casi todas las Bestias del Alma se han consumido por completo. Controlarlas desgastó mi alma, y las lesiones en mi cuerpo son bastante graves, por lo que me llevará algún tiempo curarlas. Lo importante ahora es calmar mi alma y detener el sangrado.

Uchiha Ming dejó de pensar, cerró los ojos y entró en un estado de meditación. La emboscada había sido extremadamente peligrosa, pero al final ganó.

Después de un rato, Uchiha Ming abrió lentamente los ojos, solo para escuchar unos pasos que se acercaban. Con un rápido movimiento de mano, invocó las cuatro Bestias del Alma que aún le quedaban.

—¿Eh?

Sus ojos se entrecerraron al ver a la persona que había llegado. Tenía el cabello morado y vestía una túnica blanca.

Era Kuzunoha.

Uchiha Ming la miró con un destello de curiosidad y desconfianza antes de preguntar:

—¿Dónde estabas? No te vi en el campo de batalla ni por los alrededores.

Kuzunoha sonrió con cierta incomodidad.

—Me alejé temporalmente —respondió—. Cuando vi el campo de batalla, supe que era demasiado peligroso. No quería arriesgarme imprudentemente.

Al escucharla, un extraño brillo cruzó los ojos de Uchiha Ming, pero desapareció tan rápido como había aparecido. Kuzunoha no pareció notarlo y, en su lugar, sacó una bolsa con herramientas médicas.

—¿Necesitas ayuda con tus heridas? —preguntó mientras observaba el estado de Uchiha Ming con preocupación—. Pareces estar bastante herido.

Uchiha Ming negó débilmente con la cabeza.

—No es necesario. Mejor vigila la entrada y avísame si detectas algún peligro. Sería problemático si alguien encontrara este lugar.

Kuzunoha asintió, comprendiendo su preocupación.

—Está bien. Pero déjame al menos echar un vistazo a tus heridas. Puedo ayudarte a limpiarlas y aplicar algún tratamiento para que sanen más rápido.

Uchiha Ming volvió a negar con la cabeza, esta vez con un tono más firme.

—No es necesario —repitió—. Puedo encargarme solo. Lo que necesito es que permanezcas alerta y me avises si surge algún peligro.

Kuzunoha guardó silencio durante un instante antes de asentir.

—Está bien. Pero, si cambias de opinión, no dudes en decírmelo. Puedo ayudarte.

Uchiha Ming solo respondió con una débil sonrisa.

Kuzunoha se dirigió hacia la entrada de la cueva y encontró un lugar donde sentarse.

Al verla alejarse, Uchiha Ming guardó discretamente la daga que sostenía en su mano derecha, ocultándola entre sus mangas. Tras observar a Kuzunoha durante unos segundos, cerró los ojos y trató de descansar un poco.

—Al parecer sufriste mucho.

Kuzunoha miró los cuatro lobos que permanecían alrededor de Uchiha Ming antes de preguntar con curiosidad:

—¿Qué son estos lobos? ¿Por qué nunca los había visto?

Sin molestarse en mirarla, Uchiha Ming respondió:

—Son Bestias del Alma. Es una creación reciente, por lo que es normal que no las conozcas.

Kuzunoha asintió mientras observaba con desconfianza a los lobos, sumida en sus pensamientos.

Los días transcurrieron y, rápidamente, pasaron cuatro días. Uchiha Ming seguía herido, aunque ya no tanto como antes. Se había recuperado alrededor de un cuarenta por ciento.

En ese momento, se dirigía hacia el clan Senju. Aunque quería seguir recuperándose, sentía que aquella era una oportunidad que no volvería a presentarse. Hace unos días había eliminado al grupo de perseguidores del clan Senju. Tras evitar que uno de ellos se suicidara mordiéndose la lengua, Uchiha Ming lo torturó y logró sacarle algo de información. Según lo que averiguó, cada fin de semana enviaban una carta al clan principal para informar de su situación.

Tras tres días de viaje, ya había transcurrido casi la semana desde la emboscada. Si tardaba un poco más, el clan Senju empezaría a sospechar y enviaría gente a investigar. Necesitaba actuar ahora; de lo contrario, perdería esa oportunidad.

Mientras atravesaba varias aldeas pequeñas, Uchiha Ming se aseguró de eliminar a sus habitantes en silencio. Al mismo tiempo, creó nuevas matrices de sellado y aumentó el número de sus Bestias del Alma.

Cuando por fin llegó a los alrededores del clan Senju, más de quinientas Bestias del Alma lo acompañaban. Mirando el cielo despejado supo que aún no era el momento de actuar, por lo que decidió esperar unas horas hasta que la oscuridad cubriera el cielo.

En realidad, Uchiha Ming no tenía pensado tomar medidas tan pronto contra el clan Senju. Aunque había matado a varios de sus miembros, aún no quería enfrentarlos de frente. No era porque les tuviera miedo ni nada por el estilo. Según la forma de actuar de Uchiha Ming, una vez que decidía atacar con todas sus fuerzas, tenía que asegurarse de arrancar el problema de raíz; de lo contrario, no tendría sentido.

Sin embargo, Uchiha Ming también era bastante rencoroso. Al verse interrumpido una y otra vez en su camino de matanza por culpa del clan Senju, comenzó a guardar cada uno de aquellos conflictos en su corazón, hasta que finalmente su paciencia se agoto. Aunque no pudiera destruir al clan Senju esta noche, definitivamente se aseguraría de que jamás olvidaran su nombre.

Pronto cayó la noche. Nubes oscuras cubrían el cielo, proyectando largas sombras sobre toda la aldea del clan Senju. Las hojas de los árboles se mecían suavemente con el viento.

Noche oscura y viento fuerte.

Noche perfecta para matar... y prender fuego.

Tras ponerse de pie, Uchiha Ming hizo una seña con la mano. Los lobos que permanecían a su alrededor se reunieron de inmediato. A la distancia, los cientos de lobos que aguardaban ocultos reaccionaron al mismo tiempo. Sus orejas se agitaron y, al instante siguiente, sus cuerpos salieron disparados como flechas. Dividiéndose en dos grandes grupos, avanzaron en una formación ordenada, parecida a la de un ejército.

——

Había pocas estrellas en el cielo. Un viento helado, capaz de calar hasta los huesos, soplaba alrededor del clan Senju. Dos figuras recorrían los alrededores durante su patrulla nocturna: un anciano y un joven.

—Huff... Huff... ¿Por qué hace tanto frío de repente?

El joven se abrazó el cuerpo mientras exhalaba aire caliente.

—Te dije que te pusieras más ropa, pero no quisiste. Esto es lo que pasa por no escuchar a tus mayores. —El anciano se rió.

—Abuelo, esta es la primera vez que te acompaño a explorar. Me falta experiencia.

El joven murmuró en voz baja antes de añadir:

—Mañana definitivamente traeré ropa más gruesa.

—Además, ¿por qué de repente el líder del clan nos pidió que vigiláramos los alrededores?

—No sé la razón exacta, pero, según tengo entendido, hace unos días llegó una carta anónima que hizo que el líder tomara estas medidas. Tal vez por eso el clan ha estado un poco alborotado últimamente —respondió el anciano con solemnidad.

—Ya veo, entonces, abuelo...

El joven estaba a punto de seguir hablando cuando el anciano levantó una mano para indicarle que se callara.

—¡Shh!

Los ojos del anciano se entrecerraron al distinguir una tenue luz que apareció a lo lejos.

—¿Qué es eso...?

De inmediato se puso en guardia. Extendió dos dedos y los apoyó sobre el suelo, intentando percibir su entorno, pero no detectó nada.

—¡Niño, usa tu oído!

—¡Sí!

El joven no se atrevió a descuidarse. Se arrodilló de inmediato y apoyó la oreja contra el suelo, escuchando atentamente.

Tras unos instantes, negó con la cabeza.

—No hay nada... Solo el sonido del viento.

Hizo todo lo posible por percibir alguna vibración, pero no obtuvo ningún resultado.

Entonces soltó una risa.

—Abuelo, ¿estás intentando asustarme? Ni siquiera hay un ruido.

—¿Es eso así...? —El anciano suspiró. Volvió a mirar a la distancia, pero no había nada. Sintió que su vista se había nublado por un instante.

¡De repente, el sonido de innumerables pisadas que atravesaban el aire se extendió hasta ellos!

—¿Quién está ahí? —El grito del anciano salió inconscientemente cuando varias figuras negras emergieron del bosque una tras otra.

¡Ataque enemigo!

Ese fue el primer pensamiento que cruzó por la mente del anciano. Rápidamente se levantó y se giró para advertir a su nieto. Sin embargo, ya era demasiado tarde. El joven ya había sido atravesado por varias garras de lobo y había muerto en el acto.

El corazón del anciano se contrajo, pero no tuvo tiempo de lamentarse. Inmediatamente sacó una bengala de entre sus ropas. Pero antes de que pudiera activarla, fue alcanzado por un ataque fatal.

Su cuerpo quedó rígido, inmóvil como una estatua. Una fina línea de sangre apareció lentamente en su cuello, haciéndose cada vez más evidente. Finalmente, su cabeza se inclinó hacia un lado y cayó al suelo.

La sangre fresca brotó de su cuello como un géiser. Cuando murió sin siquiera ver a su asesino.

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