NOTA: ESPERO TE GUSTE ESTE CAPITULO, JEJEJEJEJE, SI ES ASÍ DEJA TUS POWEEER STONEEESSSSSSS XD.
Escuchar aquella confirmación en lo más profundo de su mente, esa respuesta que validaba la posibilidad de almacenar el helicóptero en el inventario del sistema, fue una de las noticias más gratificantes que Takeshi había recibido desde que el mundo se sumió en el abismo.
No se trataba solo de un capricho; aquel vehículo representaba, sin lugar a dudas, un salvavidas estratégico en medio de un ecosistema caótico donde las reglas de la civilización habían sido incineradas.
Takeshi era consciente de que, en un futuro cercano, quién sabía qué clase de anomalías además de las temperaturas asfixiantes y las hordas incesantes de muertos vivientes terminarían por azotar lo poco que quedaba de la humanidad. Tener una vía de escape aérea era el máximo seguro de vida.
—¡Guau, que esto funcione es un alivio inmenso! —pensó Takeshi para sí mismo, sintiendo cómo la adrenalina recorría sus venas. Sus ojos se abrieron de par en par, reflejando una mezcla de asombro y alivió mientras continuaba inspeccionando cada centímetro del fuselaje metálico.
Era fundamental destacar la importancia del talento de [Manejo de Vehículos] que le había sido otorgado a través de su interacción exhaustiva con Shizuka por las noches.
Esta habilidad no se limitaba simplemente a permitirle conducir cualquier cosa que tuviera motor; conforme su nivel crecía, el sistema le otorgaba un flujo constante de información sobre la ingeniería de los vehículos, así como la capacidad instintiva para repararlos o modificarlos.
Fue precisamente gracias a este conocimiento que, anteriormente, había sido capaz de transformar el viejo y destartalado autobús escolar en una auténtica aplanadora blindada para triturar zombis.
Y aunque en este preciso instante Takeshi no poseía la pericia técnica para pilotar el helicóptero de manera segura, el sistema ya le estaba susurrando fragmentos de información sobre su funcionamiento.
Confiando en su intuición y en el análisis visual que su habilidad le permitía, supo de inmediato que la aeronave se encontraba en un estado de conservación impecable, lista para entrar en servicio en cuanto él estuviera preparado.
—¿Pasa algo, sensei? —la voz de Saeko, cargada de una curiosidad vibrante, rompió el hilo de sus pensamientos.
Al ver a Takeshi tan absorto y entusiasmado en su inspección, Saeko no pudo contenerse más. Se acercó a él con elegancia, inclinando su cuerpo hacia adelante para quedar en su campo de visión mientras comenzaba su interrogatorio
—¡¿No tienes planes para este helicóptero, verdad?!
—Oh, eso, Saeko... —respondió Takeshi con rapidez, tratando de no mostrar ninguna sorpresa ante la interrupción.
Decidió usar una verdad a medias para proteger su secreto —A decir verdad, nunca había visto un helicóptero tan de cerca y no pude contener mi curiosidad de explorarlo.
Era una declaración honesta en esencia, pero ocultaba su verdadera intención la cual era encontrar el momento exacto para succionar el vehículo al almacén del sistema sin que Saeko se percatara de la anomalía.
Sin embargo, el tamaño de la aeronave planteaba un problema logístico evidente. Si una estructura tan masiva desaparecía de la nada frente a sus ojos, Saeko o cualquiera que no fuera tonto lo notaría de inmediato.
Si eso ocurriera, las consecuencias serían impredecibles, por lo que Takeshi decidió que, por el momento, era imperativo mantener la existencia del sistema en el más absoluto de los secretos.
Saeko, al escuchar su explicación, esbozó una sonrisa suave, aunque pronto soltó un suspiro cargado de nostalgia al recordar algo relevante.
Si mal no recordaba, Shizuka-sensei era una conductora excepcional, pero la duda comenzó a nublar su expresión. No pudo evitar compartir esa inquietud con Takeshi.
—Es una lástima que Shizuka-sensei no sepa pilotar un helicóptero de lo contrario, podríamos experimentar la sensación de volar ahora mismo. Sin contar con que sería un medio de transporte adecuado para movernos a largas distancias, ¿no lo crees, sensei? —comentó Saeko con un rastro de pesar, mirando el vehículo con genuino interés.
Takeshi asintió levemente, aunque en su interior una serie de dudas comenzaron a surgir. ¿Quién sabía realmente de lo que era capaz Shizuka? Con una amiga como Rika Minami, una especialista en fuerzas especiales, era muy probable que Shizuka hubiera recibido lecciones de todo tipo en el pasado.
No obstante, al imaginar a Shizuka a los mandos de un helicóptero, Takeshi sintió que un escalofrío le recorría la columna vertebral.
A pesar de que sus habilidades para conducir eran de primera categoría, Shizuka era extremadamente distraída en los momentos menos oportunos. Si llegaba a pilotar esta cosa, Takeshi temía seriamente que terminarán estrellándose contra un rascacielos.
"Es mejor no probar si Shizuka sabe pilotar esta cosa" pensó Takeshi con determinación.
—Sí, es una verdadera lástima, Saeko —repitió Takeshi, manteniendo su mirada fija en el panel de control de la cabina.
Al notar el interés tan marcado de su "sensei", la intriga de Saeko se profundizó. A sus ojos, Takeshi era un hombre envuelto en un aura de misterio absoluto alguien que parecía poseer una solución para cada problema y una habilidad para cada crisis.
—¿Y tú, sensei? —preguntó ella con una mirada penetrante —¿Sabes pilotar esta cosa o algo por el estilo?
Takeshi se sobresaltó internamente ante la puntería de la pregunta. Por un momento guardó silencio, sopesando sus opciones.
Finalmente, decidió soltar una pequeña dosis de información para preparar mentalmente al grupo, o al menos a Saeko, para lo que el futuro podría deparar.
—Bueno... no es que sea un experto todavía —respondió Takeshi con un semblante serio que no dejaba lugar a la sospecha—pero tomé alguna que otra clase en el pasado. Digamos que conozco los principios básicos.
Al escuchar esto, Saeko abrió los ojos con una sorpresa genuina, que rápidamente se transformó en una expresión de complacencia, como si sus sospechas sobre la omnipotencia de Takeshi se hubieran confirmado.
—Vaya, eres increíble, sensei —dijo ella, permitiendo que su hombro rozara el de él con una cercanía íntima—. Eres una persona sumamente capaz... sin duda serás un excelente padre en el futuro.
¡¿...?!
Takeshi se quedó sin palabras ante tal comentario. La sugerencia lo golpeó de lleno, llenándolo de una mezcla de desconcierto y una vergüenza que le recorrió el cuello.
Al mirar la expresión pícara de Saeko, supo que ella lo estaba diciendo con una intención muy clara. Agitó las manos en el aire en un intento desesperado por disipar la atmósfera.
—Oye, oye, olvida eso, todavía es muy pronto para pensar en tales cosas —dijo rápidamente, buscando cualquier excusa para cambiar de tema.
—En todo caso, los zombis de aquí ya han sido eliminados. Es mejor que vuelvas con las demás abajo. Todavía tengo que terminar de deshacerme de los cadáveres restantes para limpiar la zona por completo.
Saeko, ligeramente sorprendida por la brusquedad del cambio de tema, asintió con la cabeza. Sin embargo, su sexto sentido femenino le indicaba que Takeshi estaba intentando deshacerse de ella de manera deliberada.
Tenía la fuerte corazonada de que él tramaba algo a sus espaldas, pero decidió no presionar demasiado.
En todo caso ella sabía que todos los hombres tenían sus propios secretos, y fuera lo que fuese, ella había decidido apoyarlo incondicionalmente.
Además, el calor era cada vez más insoportable y el deseo de refrescarse era superior a su curiosidad.
Su plan de darse una ducha con Takeshi y luego disfrutar de la piscina con las demás después de todo, solo les había tomado diez minutos limpiar los diecinueve pisos del hotel gracias a su eficiencia combinada.
Con ese pensamiento en mente, Saeko se acercó y le depositó un beso suave en la mejilla, susurrando con un tono ronco y seductor:
—Sensei, lo espero abajo. No olvide lo que me prometió, ¿de acuerdo?
—Uh... cierto. De acuerdo, estaré allí en un momento —respondió Takeshi con un carraspeo leve.
Vio a Saeko trotar felizmente hacia la puerta y desaparecer por el umbral. Una vez que estuvo seguro de que ella se había marchado, soltó un profundo suspiro de alivio.
Miró a su alrededor. Estaba solo en la cima de un edificio de diecinueve pisos. Sabía que los zombis que acababa de arrojar al vacío, la mayoría empleados del hotel que no pudieron escapar, se habían convertido en pulpa contra el asfalto.
La azotea del hotel de lujo se sumió en un silencio sepulcral, sólo interrumpido por el silbido de un viento caliente que arrastraba el olor metálico de la sangre y el olor a putrefacción.
Takeshi permaneció inmóvil, observando la figura del helicóptero recortada contra el horizonte desolado. A pesar de la urgencia que sentía por asegurar aquel recurso, decidió aguardar unos minutos adicionales.
Conocía bien a Saeko su intuición era afilada, y no quería arriesgarse a que una distracción de último segundo la hiciera regresar y presenciar lo imposible.
Solo cuando estuvo completamente seguro de que ella había descendido lo suficiente, cerró los ojos y se enfocó en el núcleo de su Almacén del Sistema.
Sin embargo, antes de proceder, una duda persistente comenzó a carcomer su mente. Ni siquiera él, con toda su planificación y conocimiento de futuro, esperaba encontrar un helicóptero en este lugar.
Era un hallazgo extraordinario, pero a la vez desconcertante en sus sesiones con el Simulador de Vida, no se había mencionado en lo absoluto la existencia de una aeronave en la azotea del hotel.
Takeshi recordaba con absoluta claridad cada detalle de la simulación. En aquella realidad virtual, tras llegar al complejo y eliminar a los zombis, la experiencia había sido mucho más lineal, limitándose a unas breves frases y acontecimientos respecto al transcurso del día que en teoría eran relevantes.
Era extraño, pues el simulador solía recrear las cosas con una precisión casi aterradora. Por ejemplo, recordaba cómo el sistema simulaba con un detalle microscópico sus intercambios más profundos con las mujeres del grupo, aquellos momentos destinados a "aprender sobre biología" y fortalecer vínculos.
Al comparar la omisión del helicóptero con la meticulosidad de las escenas íntimas, Takeshi no pudo evitar que un pensamiento cruzara su mente: quizá este sistema era, en el fondo, un auténtico pervertido.
[ Anfitrión, ¿es posible que, debido a que usted es un pervertido, las partes pervertidas constituyan la mayor parte de la simulación por su propia voluntad? ]
La voz del simulador resonó en su cráneo, cargada de un tono gélido e insatisfecho, como si estuviera ofendido por la crítica de su usuario. La respuesta fue tajante, devolviéndole el golpe dialéctico con una lógica aplastante.
—¡Tonterías! —replicó Takeshi mentalmente, sintiendo cómo la indignación le subía por el pecho—¡Soy un caballero de pies a cabeza! ¡Desde luego no soy una persona indecente, así que no te atrevas a calumniarme!
La disputa interna no terminó ahí. Takeshi, sintiendo un leve rastro de temor ante la creciente autonomía del sistema, decidió marcar territorio.
—Además, ¿no sabes lo peligroso que es que una inteligencia como la tuya desarrolle conciencia propia? Sigue siendo un don nadie, mantente en silencio y cumple tu función —añadió con severidad, tratando de reafirmar su autoridad sobre la interfaz.
[ .... ]
El sistema pareció quedarse sin palabras tras el regaño. El silencio que siguió fue absoluto, indicando que la entidad no tenía intención de continuar la conversación o que, simplemente, había decidido ignorar las protestas de su anfitrión.
Satisfecho por haber tenido la última palabra, Takeshi no perdió más tiempo y colocó su mano derecha sobre el fuselaje tibio del helicóptero.
En ese instante, se produjo el fenómeno. Sin ruidos estrepitosos ni efectos visuales innecesarios, la gigantesca estructura metálica se desvaneció en el aire, siendo succionada por el vacío dimensional de la mochila de Takeshi.
El espacio que antes ocupaba la aeronave quedó vacío, dejando solo las marcas de los neumáticos sobre el suelo de la azotea.
—¡Qué día tan productivo! —exclamó Takeshi en voz alta, dejando que una sonrisa de satisfacción absoluta iluminara su rostro.
Sin embargo, en cuanto terminó de hablar, un latigazo de dolor punzante le recorrió el hombro derecho. Soltó un siseo y giró la cabeza para inspeccionar la zona, descubriendo con horror que su piel estaba de un color rojo encendido, notablemente hinchada.
Eran quemaduras de sol de segundo grado. Dada la altitud del piso diecinueve y el hecho de que había pasado un tiempo considerable bajo el sol sin protección, su cuerpo aún sujeto a las debilidades humanas había pagado el precio.
—¡Santo cielo! ¡Este clima es una pesadilla! —se quejó amargamente, sintiendo cómo el calor irradiaba desde su propia piel.
El miedo a que una exposición tan prolongada y extrema a la radiación ultravioleta pudiese derivar en algo peor, como un cáncer de piel prematuro en medio del apocalipsis, lo impulsó a moverse.
Abandonó la azotea a paso veloz, buscando el refugio de las sombras del edificio. Ya había cumplido con su deber; había limpiado el hotel, asegurado un vehículo de escape aéreo y fortalecido su posición.
Ahora, con el cuerpo dolorido y el espíritu exaltado, sabía que era el momento de dejar atrás el trabajo arduo.
Era hora de descender, de buscar a Saeko y de entregarse a ese descanso relajante y necesario que se había ganado con creces.
